INTRODUCCIÓN MAESTRO DEL COLOR PAPELES CONSERVACIÓN CONTACTO

Maestro del Color

“Es esencial al arquitecto saber ver; quiero decir, ver de manera que no se sobreponga el análisis puramente racional… Y con ese motivo rindo aquí homenaje a un gran amigo que con su infalible buen gusto estético fue maestro en ese difícil arte de ver con inocencia. Aludo al pintor Jesús "Chucho" Reyes, a quien tanto me complace tener ahora la oportunidad de reconocerle públicamente la deuda que contraje con él por sus sabias enseñanzas…”


Luis Barragán

Discurso de aceptación Premio Pritzker, 1980

José de Jesús Benjamín
Buenaventura de los Reyes y Ferreira


Nació en octubre de 1880 en Guadalajara, Jalisco. Asistió a algunas clases de dibujo al Liceo de Varones. Inició su contacto con las artes gráficas en 1894 como aprendiz en la Litografía e Imprenta de Loreto y Ancira en su ciudad natal, labor que despertó también su interés por los libros.

Siendo un niño de 9 a 10 años trabajó en una fábrica de chocolates, donde su imaginación se daba vuelo con las manchas que éstos dejaban en los papeles de envoltura. Alrededor de los 17 años, ingresó en la Casa Pelladini, almacén de grabados y materiales de arte, donde realizó novedosas decoraciones en los escaparates.

En 1911 hereda de su padre una colección de arte, artesanías y antigüedades, aumentando así su interés por el coleccionismo. Con el tiempo se convirtió en un experto anticuario y su tienda, en donde tenía tanto piezas de origen europeo como figuras de arte popular, era el centro de reunión de muchos artistas.

Chucho Reyes pintó sus primeros papeles de china con el fin de utilizarlos para envolver las antigüedades que compraban sus clientes. La gente comenzó a interesarse por estos papeles, y sus amigos como Luis Barragán, Mathías Goeritz, Juan Soriano, Paul Westheim y Octavio Paz reconocieron su trabajo. Así mismo, años más tarde, artistas como Pablo Picasso y Marc Chagall admiraron la fuerza inventiva y el colorido de su obra.

A la edad de 58 años se trasladó a la Ciudad de México donde decoró una casa en la calle de Milán donde pasaba horas pintando, preparando mezclas con anilinas y “embarrando” papeles en el patio central.

En 1950, a iniciativa de Mathías Goeritz, expone en la Galería Arquitac de Guadalajara. No es hasta 1962 cuando se le organiza una gran exposición retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Murió en agosto de 1977 admirado y reconocido como un gran artista tanto en México, como en el extranjero.





BIBLOGRAFÍA:
KASSNER, Lily, Chucho Reyes, Editorial RM, México, 2002.
MATA TORRES, José, Personajes Ilustres de Jalisco, Hera Ediciones, México, 1981.
PONIATOWSKA, Elena. Todo México, Ed. Diana, México, 1993.



"Ver y Tocar"

por Carlos Pellicer

En homenaje a Jesús Reyes Ferreira, 1962


Para complacerse y para complacer, ver y tocar. Ver para tocarlo con los ojos y para saber, por la luz, su ubicación perfecta. Pero la luz se maneja con las manos moviendo o movilizando. Nada es posible sin ver. La música misma no es otra cosa sino una secuencia de imágenes sonoras. En el laboratorio, con frecuencia, para ver se necesitan los colorantes. El astrónomo para determinar ciertos valores estelares necesita verlos a la luz del calcio.

No es posible pensar sin antes ver. Toda la historia de la cultura está basada en el sentido de la vista. De noche, caemos. De día, volamos. ¿Y el tacto? Sencillamente tocar es consecuencia de ver. Hay todo un mundo de luces que va de los ojos a las manos. El orden nace de la vista y se realiza por el tacto. El ciego que gritaba desesperado y con fe, quería no solo ver sino verlo. Y vio la luz, la verdad y el camino y siguió a Nuestro Señor dando gritos de luz.

El que ve, sabe lo que hace. Esto es difícil pero se logra. Y Jesús Reyes Ferreira sabe lo que hace. Porque se identifica con todo lo que le rodea. Porque lo que sus manos tocan es siempre hermoso o nos descubre la belleza de lo que nos parece que no tiene. Dotado de una percepción instantánea, nos señala con unas cuentas sílabas la esencia misma de la cosa. Pocos hombres, aman y se complacen con la belleza como él.

Un día cualquiera se le ocurrió pintar sobre papel de China y operó así nada más, un acto de magia. En sus payasos -pintura de pintura-, o en sus gallos -colores en movimiento- presenta sus temas en ritmo acelerado imprimiendo al color, a veces metiendo en oro, un auge de opulencia que otras manos sería casi un suicidio. Un parentesco indudable con el arte plumario de los mexicanos clásicos refuerza la riqueza objetiva de este gran artista.

Sangrante, el papel de China soporta quién sabe cómo, en su fragilidad, la imagen terrible de Nuestro Señor Martirizado. Ya estos papeles tienen fama universal. Se diría que el artista, en un gesto de orgullo, escogió para trabajar material tan deleznable. Que pintó así “por no dejar”, según modismo tan nuestro.

Ya puede hablarse de las culturas jaliscienses en este repertorio de modos y maneras que es México. El estado de Jalisco salvo en lo arqueológico, es el más importante de la Federación. Entre otras cosas el sentido plástico de su gente es verdaderamente asombroso. Casi todos los mejores pintores mexicanos son jaliscienses. Tienen también todo un mapa literario. Y también la luz tiene una gracia tapatía. Allá, la belleza humana asume raíces telúricas. Imposible escribir sobre arte en México sin referirse a Jesús Reyes Ferreira.